Israel Centeno

14 Agosto 2009

Las fresas de la amargura

Archivado en: Opiniones — Israel Centeno @ 21:27

bandas chavistasBanda fascista bolivariana en plena faena

Es una condición simple y por simple compleja, la paz exige civilidad, no soy hermano de nadie sólo por haber nacido en un espacio geográfico común. Me hermana el foro, los límites, el derecho y el deber compartido, mi individualidad interactuando con los otros y los otros interactuando con mi individualidad en la polis o como quieran llamarla. Si, imponiéndose el odio de clases, de casta o de género y en nombre del mismo, se desconocen los valores anteriores, la ciudad, el municipio y el país se convierte en una cárcel, un lugar agobiante en donde la no convivencia es naturalizada por la supresión y el sometimiento de quienes se paran al frente y a los lados -cuando están a tus espaldas ya estás literalmente cogido- por ejemplo: los del pabellón uno en contra de los del pabellon dos y los del dos bajan contra los del pabellón tres y así todos se cargan a los anteriores. Carro sin placa no anda: una mano en el culo y la otra para entrompar la nariz de quien te lo toque. En esas condiciones, el enemigo, ahora -no hermano, ni compatriota – carece de escrúpulos, y apela a ellos ante quien tiene al frente buscando el mejor flanco para aplicarle una máquina, jugarle sucio, vaciarle la sustancia en los ojos y en las demás mucosas. Una de las estrategias elaboradas con minuciosidad por el astuto y cínico predador en situación de enfrentamiento, es invocar la buena fe y la humanidad de la contraparte, los lobos meten la cola entre las patas, y luego, sin consideración ejercen su diamantina y más honesta brutalidad, saltan directo a la yugular pues.

La gente se cansa de jugar a Gandhi y sus hermanos o los derechos civiles en Uganda – Tierra de Hugo –; de levantar las manos para recibir la agresión, a veces, solo a veces hay que imponer respeto cuando la civilidad no existe, y resolver el dilema: me defiendo o me dejo joder: that’s the cuestion.

S i de cualquier manera me van a decir golpista, bueno, que lo digan con su ojo morado.

9 Agosto 2009

Chavezcoholics

Archivado en: Opiniones — Israel Centeno @ 11:28

Este se tiende sobre su cama de espalda, y dice, cae la locha, comprendo la inutilidad, hay un exceso de análisis y todos plausibles sobre la situación o el problema; muchas salidas, todas estimables y ninguna efectiva. Cuando el poder se hace omnipresente forja una dinámica patológica, todos terminamos apuntalándolo; parte de la tarea de estos ingenieros sociales es lograr en el otro la aceptación reactiva; si alguien en algún momento deja de repetir e ignora y mantiene el foco en las premisas no dictada por el que dicta y en consecuencia actúa como no se espera, es algo diferente a la reactividad, a ese le comenzará a ir bien y al otro mal; y quizá entonces logre darle un giro a toda esta lucha a veces estéril y frustrante. La estrategia ha sido exitosa, el teniente coronel nos hace apropiarnos de los estigmas, y anatemas lanzados contra quienes somos renuentes a convertirnos con la obcecación – y sinvergüenzuras- exigida, a su proyecto personalísimo. El nos dice, por ejemplo: escuálidos y de inmediato nosotros nos llamamos escuálidos, asumimos la descalificación con orgullo y dignidad; malo malo; luego acusa a una clase media depauperada de oligarca y sacamos el fuste y con esa echaderita de vainas muy caribeña, nos llamamos a nosotros mismos oligarcas, o hijos del imperio, y repetimos; im pe rio. Daaaá. Y de esta manera sus consignas son las nuestra a contraluz. Y allí está lo perverso del asunto, nos convertimos en el signo negativo replicador de todas sus premisas, descalificaciones, abusos, somos su eco en el lado de la luz o de las sombras. Decimos, es imposible no darle entrada, promueve invasiones, allana y ocupa a las procesadoras de café, impone una ley en la asamblea usando otra ley tan espeluznante como la anterior, además cierra radios, televisoras y nos compromete bélicamente al amenazar con guerras a naciones vecinas; nos abre los frentes de batalla: es como un juego de tetris, imposible obtener un score aceptable en tales condiciones. Todo el mundo ve la salida y nadie cae en cuenta desde dónde la ve: desde la desolación, desde la sed y la diáspora, entonces las salidas se convierten en espejismos. Las pocas veces, cuando, por ejemplo, el reyezuelo “descubre” al país un plan magnicida u otra conspiración y no se le sigue la pauta ni se arremete con furia virtual al trapo que sacude, monta realmente en cólera, no lo soporta, ignorarlo es desaparecerlo, él sí lo tiene claro; y de inmediato acusa a quien no se pronuncie, de cómplice y todos en coro y perreao: no, no; nosotros no queremos eso, nosotros somos de mó cra tas: el camino es institucional, me deslindo de cualquier otro proyecto y mea culpa y mea próstata; existe en la medida en la que le hacemos eco, en la medida en la que seamos su espejo y no es fácil, porque, cómo podríamos dejar de ser el espejo: hay un cerebro sembrador de espejos y el paisaje se convierte en un laberinto de espejos; entonces, recibimos el guante en la cara, cómo ignorar y no perder el foco, cómo ignorarlo y avanzar. Luego la premisa: ignorarlo es avanzar; podríamos comenzar por no repetir las neolenguas del teniente coronel, los barbarismos del totalitarismo; es sencillo: no llamarnos ni escuálidos ni hablar de latifundios mediáticos cuando podemos recurrir a las expresiones correctas, evitar darle más ligereza semántica a sus agresiones y connotar con la propiedad del signo. Es difícil, y es difícil aceptar que nos ha convertido en “chavezcohoolics” y que somos parte importante en el vaciado sistemático de palabras como democracia, libertad, liberalismo, parlamentarismo, etc,. o la que sea. La revolución debe nombrar de nuevo en su paraiso. Sería bueno no ayudarla a nombrar. El reto es desintoxicarnos del discurso chavista sin olvidar el fin último, derrotarlo: un paso a la vez, un día a la vez, para comenzar a avanzar en la recuperación del discurso de un país moderno reconciliado con su razón de civilidad y democracia, el reto es dejar de ser el radiobembas del teniente coronel y convertirnos en la radiobembas de nuestra mismedad, pero, ¿En qué punto el tipo nos hizo perder la mismedad hasta casi convertirla en una estopa de conceptos mitad suyos, mitad cubanos, mitad de los militares? Es una labor de rescate.

Mientras tanto vuelvo a mi blog, a mis juegos, temas e historias, a las cuitas y a mis obsesiones de amor, hasta tener alguna respuesta, porque al incorporarme, y esto es un criterio personal y pudiera estar equivocado, al los cientos de miles de analistas, estudiosos oráculos, me estaría convirtiendo en una de esas antenas repetidora, en un eco de quién me jode ahora , ha jodido mi pasado y está a punto de joderme el futuro.

6 Agosto 2009

El eterno retorno de Charles Bovary

Archivado en: Creación — Israel Centeno @ 12:25

Gabriel se tomó un tiempo para abrir los ojos; se había desplazado en secuencias incoherentes por los entramados de la realidad, de cierta forma lo había hecho y allí estaba el dolor, palpitaba en sus parietales e irradiaba hacia la frente, los pómulos y la garganta; tenía la nariz tupida, pero el aire húmedo y el olor a paja y a barro filtraban la congestión. Insufrible. Incómodo. No amanecía en su cama, estaba sobre la tierra apisonada, sobre un catre, el cuerpo le reclamaba la mala postura. ¿Cómo había llegado allí? los animales de corral merodeaban dentro y husmeaban a esa figura desguarnecida, ovillada en posición fetal; tenía el sabor de la peste en la boca y las encías lavadas en aguardiente; el trapiche del tabaco masticado y un par de esnifadas impregnaban sus mucosas. Acetona más mierda, mierda más alcohol de quemar, la garganta seca y una pústula a punto de reventar en el cuello. Los recuerdos fueron cayendo como cerezas podridas en un pocillo negro. Nos salimos de la carretera, Mariela, el auto dio un trompito y se embaló explanada abajo ¿Dónde estás, Mariela? Gabriel trata de recordar; desapareció luego del accidente, después fui a sentarme en un terraplén junto a unos hombres; apoyaban fusiles en sus caderas, frente a unas casas de bahareque; hablaba mucho y los hombres me animaban con largas y promisorias libaciones, las mujeres sonreían, algunas se empeñaban en mostrar sus dentaduras de oro, otras, las jóvenes menos agraciadas, escondían sus dentaduras blancas, las viejas y más audaces, ofrecían grandes espacios entre los dientes y despedían el aroma del leño quemado varias veces en una misma noche. Duele. Ahora las punzadas son aguijones de alacranes, la punta de una navaja corta y un destornillador estriado gira sobre el entrecejo. Gabriel hace un esfuerzo y se despereza, en algún lugar suena un corrido, es una radio, cree reconocer a Los Corraleros del Majagual, yo me voy para otras tierras y adiós. Horas antes de que el tabaco o el chimó le amargaran el aliento, la noche inmediata, estuvo conversando sobre la ruta que seguiría Alberto; sólo vine a asegurarme de los itinerarios, debe ir desde Soledad hasta las estribaciones del sur, a ese campamento junto al codo y no a otro. Hecho, hará el trabajo y más nada, dijo uno; más nada significaba: lo regresaremos o no lo regresaremos, eso queda en nuestras manos. Mariela abre la guantera, saca una funda y comienza el ritual, crema en los codos, en los hombros, en el cuello, crema en las manos; abre un estuche, se maquilla, retoca el delineado, sólo un poco, está ausente, quisiera que me sonriera, estuviera conmigo; ella sigue en lo suyo, como en casa, estrechamente conectada a su música, a sus amigos virtuales y al amante, sé que tiene un amante, me di cuenta mientras viajamos por Roma; los hombres dan sorpresas, las mujeres participan; y aquel era el tercero y más despreciativo anuncio; alquilamos por una semana un apartamento con vista al Tiber, podíamos salir unas cuadras a cenar puré de lechuga, pollo a la Númida, platos de peras y a tomar vino; pero ni eso; se hacía traer papas fritas a su habitación, me decía, es lo mismo Gabriel, salir a la via dei Giubbonari o estar acá, contigo y sin ti, nunca podré decir que estuve en Roma o en Berlín ni en las playas de Falcón, no supuse que estar al lado de mi marido en las buenas y en las malas contemplaría ser arrojada a su continente, estar limitada a ti. Mejor no hacerla hablar, montaba el drama típico de la mujer harta de “su Charles Bovary”; entonces, me resignaba a deplorar mi suerte entre curas y novicios en los antiguos lupanares de la ciudad y volvía menos desgraciado que Cesare Borgia a los brazos de su hermana Lucrecia; pero ahora ella se mira por el retrovisor y sonríe, la llamo, la nombro, deseo que me sonría, ella se da vuelta y el auto patina sobre el pavimento, desaparece y estoy acá, menos mal que me salí de la carretera sobre el caserío, un poco de aguardiente para que usted no se adormezca, hale perico para que se nos despierte y masque chimó para que lo agrio de la vida le sepa a néctar de cayenas. Cayena se llamaba la mujer rolliza. Cayena bailaba corridos y vallenatos y me acariciaba el rostro, se acercaba y rozaba a las mías sus mejillas empapadas por el sudor. Cayena estuvo atenta, cuando me llamaron los hombres que salieron del monte, con ellos tuve una charla de negocios; güevas, te han sabido mantener alegre, pasa la noche, nosotros pondremos tu carro sobre la vía, güevas, y traiga vusté a ese fulano para que desmonte los tambores y clasifique la pasta, vea, porque ha habido movimiento de tropa por la zona y un sargento nos recomendó mantenernos en transito. Era el trabajo de Alberto, desarmar el dinosaurio y venderles un laboratorio móvil, una especie de laptop procesadora de pasta de coca, una planta portable en la mochila, los satélites cagarían ondas saturadas de estática y todos los involucrados en la elaboración de corridos populares podrían guardarse las espaldas sin comprometerse unos a los otros. Celebramos, los corridos sonaban a todo volumen, bailamos en torno a una fogata, éramos criaturas despojadas, con el legado cultural de occidente en las manchas de nuestra ropa interior. La pulcritud de Gabriel se diluyó como el bicarbonato de sodio y la acetona en las hojas maceradas; él se desplomó frente a una hoyanca, en una sepultura o en los brazos de Cayena, se reconoció en sus labios ansiosos por morderle la piel, sacarle el olor a limpio y chuparle los nutrientes; suéltela papito, suelte la lechita, fue lo último que escuchó antes de perderse en un viaje sin memoria hacia la noche en el cielo bajo del llano. Las punzadas se hicieron insoportables, en cualquier momento tendría que abrir los ojos y verse en el centro de una covacha, en un chiquero, rodeado de animales realengos, escapados del corral; hizo un acopio de fuerza y toda la bulla, el corrido en la radio, el cerdo hozando cerca de su cara, las nubes de mosquitos desaparecieron. Estaba sobre la cama dura y confortable, el cortinaje etéreo de su cuarto, con el aire acondicionado silencioso y placentero; a oscuras y al lado suyo, Mariela se tocaba; desnuda, hermosa, sacudida por espasmos y una cálida brisa en su aliento, un extravío de semen y duraznos; un susurro: Rodolfo, León Duphys.

5 Agosto 2009

El dedo húmedo del recuerdo

Archivado en: Poesía — Israel Centeno @ 18:50

El lagarto sobre la piedra
atrapa moscas
memoria baldía

y preguntas la razón, las personas no se hablan, ¿Volverás? No, la decisión es tuya y el corazón
Esa piedra negra
esa bomba impía,
hace una bulla sorda cuando estalla

Con tu cara larga decidiste darle un tiro a nuestro caballo; por capricho desmontamos, es fácil decidir entonces, luchaba por ti de alguna manera y ahora andarás a pié ¿ganaste algo? ¿Eres tan libre como esos personajes vengativos o justicieros de las prosas menos elaboradas? Es el momento nena

Decir adiós
es una tontería
un globo de feria, tu cara

al verte quise decir hola ¿tenía sentido? Fue una tontería. Deseabas sexo y encontraste el nombre, amor; corres y saltas sobre y entre los tabiques como si estuvieras en el bosque, bajo árboles vivos en la lluvia incesante del invierno, fumas demasiado y a escondidas – a veces vomitas-, tus dedos huelen a nicotina y a sexo, últimamente hay mucho de esto y de aquello, los dedos, ese, el lúbrico Satanás

encuéntrame
detrás del árbol donde grabé tu nombre
con una navaja

la valentía no es un recurso ni una condición dijo y dijo muchas otras cosas más antes de callar, por ejemplo húmeda tardes de septiembre, no has vuelto a ese mar a patear la arena, ha atado cabos y todo el tejido hace una hamaca, fue injusto celebrar esas locuras y luego decir, son locuras tus locuras , siempre fueron nuestras mentes al reto y al pedo por ciento

encuéntrame
las calles no son las mismas
nadie juega al escondido

Ahora oscurece, y se hace de noche, la gente va a luchar por esa cosa, la patria, va a sus redes sociales, a sus lienzos y pinta esas figuras, las palabras hurtadas de la de la cena, de la ruina, de los sueños truncos

Querida.

3 Agosto 2009

NO a la ley de delitos mdiáticos

Archivado en: Opiniones — Israel Centeno @ 18:08

2 Agosto 2009

Radio Muere en Venezuela

Archivado en: Crónica — Israel Centeno @ 09:33

27 Julio 2009

Desiderata

Archivado en: Divertimentos — Israel Centeno @ 20:27

abismo

anda, lánzate, yo también estoy cagado

24 Julio 2009

Gobi

Archivado en: Creación, Divertimentos — Israel Centeno @ 11:44

26 Gashun Gobi

Puso un abrigo de lana sobre los hombros de su túnica, se recogió las mangas y luego miró el planisferio, apenas su rostro dibujó un gesto, el cálculo exacto, dos jornadas a través de las montañas al sur de Hovd; viajarían de noche y de día se esconderían en las cuevas mientras estuvieran descendiendo por las faldas de las montañas buscando los límites de Gobi; el sonido de los bronces pendientes al cuello de las bestias, los prevenían de los asaltos fortuitos de las caravanas predadoras; siempre atentos, siempre a la guarda y solo con un breve descanso para tomar el té y distraerse; al fin llegaron al pequeño pueblo donde toda mujer es una prostituta venerable; sus dientes blancos de carnívoras feroces y sus alientos de fuertes fragancias de leche de cabra y miel o de la savia de espigas doradas y urticantes, aliviaron las ansiedades del los nómadas; podía dejar de usar el abrigo de lana y ponerse uno de piel de cordero, el aullido de los lobos recogíeron al durmiente en sus noches livianas; dentro de su tienda y luego de yacer en su catre con los brazos cruzados detrás de su cabeza, hizo llamar a la núbil iniciada y comenzó a acariciar su destrenzada cabellera, las fatigas de sus viajes lo convirtieron en un amante precavido; entonces recordó a Zoraida, aquella joven gacela de las vertientes afganas, nunca bailó con ella ni gozó de las horas posteriores al abrazo, a pesar de su tránsito lento y de las recurrencias a su pueblo, fue vertiginosa e inolvidable su aventura; sonreía con el recuerdo de su vulgar e ingenua hechicería, las muestra descarada de su deseo transgresor; apenas tuvieron dos encuentros, uno para bañarla fuera sobre sus senos y su boca, otro para derramarse dentro, tibio y vulnerable; Gobi conoce la virtud de las mujeres entendidas, beben sus cocidos y hacen abluciones en sus termas, si se corre con suerte se es asistido en una reunión escandalosa bajo el plúmbeo cetro de la luna; leche y agua de melaza, lámparas de cristales índigos y aceites de viejas osas; pasado los días el viajero se puso el abrigo de lana sobre los hombros de su túnica y prosiguió el camino, junto a los suyos a treavés de los valles hasta el desierto turbulento y las llanuras confusas del sur; habría de ver a Zoraida de nuevo, las sagradas mujeres de Altai juraron haber tejido la trama, no sería joven ni hermosa, y su cuerpo exhibiría los estragos de las sucesivas estaciones, pero mantendría las termas calientes y recibiría de él sus bendiciones, sería acogida en su tienda y bañada por los jugos de su tallo adrupado de crásula, ella lo acompañaría en su descenso al Cáucaso. Toda una vida.

20 Julio 2009

Historia

Archivado en: Divertimentos — Israel Centeno @ 09:31

Y estas cosas sucedieron, al cuarto año del reinado de … salí del valle de Guibeá y bajé al desierto, con poca agua, granos y algunas bestias para el pastoreo; mantuve mi lealtad al Dios de mi casa; vi pasar a los nómadas traficantes de esclavos, a los rezagados de las huestes de un rey conquistador y a quienes corrían como sombras a elevar sus sacrificios a los baales en las montañas de Efraim; fui indiferente a los gregarios, no me senté a las puertas de ninguna ciudad a esperar limosnas ni a vender a mis esposas y de esta manera se apartaron las nieblas, el cielo se abrió y todas las estrellas del desierto descubrieron mi ingrimitud; las fiebres se acercaron a mi tienda, caí en un estado de embelesamiento, las mujeres de mi casa bailaron con sus atuendos de sedas y sus pedrerías Persas, fueron veneradas; la noches acontecieron largas, el sopor de los días apenas se padeció bajo las sombras de los dátiles, fui exaltado por la indiferencia y la prevención de quienes se alejaron de mi morada; larga vida es la de un hombre fiel, ahora me encuentro rodeado por mis esposas, por sus hijas e hijos y los hijos e hijas de estos y estas, espero reunirme con quien nos liberó de la esclavitud de Egipto antes del término de la jornada, todos aguardan por el beso y la bendición al primogénito; nadie llora ni me llama padre ni padre de mi padre; entonces recuerdo las danzas a mitad de mi travesía, los voluptuosos cuerpos de mis esposas velados al ritmo de címbalos y salterios, no me confundo, se hace todo diáfano como las mañanas entre las palmeras en los aljibes; el embeleso fue inducido por las hierbas maceradas en mis vinos, hoy mi creador muestras mi castidad de santo o de profeta, las nieblas se cierran sobre el pueblo compañero de mi rebaño, las mujeres comienzas a plañir, de alguna manera mi voluntad y la bendición del Señor de mis padres es dejarlos sin un heredero sobre sus cabezas, serán esparcidos por la anchura de la tierra y serán llamados infieles hijos de infieles.

8 Julio 2009

Una de vaqueros lunáticos

Archivado en: Creación — Israel Centeno @ 11:06

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” se que volverás
una y otra vez…”

Luego del herraje de algunos caballos y del trabajo en los establos, de haber reforzado las cercas en de los linderos y de las tareas de doma en el corral, nos echamos bajo una alta y frondosa secoya a refrescarnos con aguardiente y a mascar tabaco; esperábamos que llegaran las mejores horas de la tarde para ocuparnos del heno de las bestias y a la limpieza del pequeño granero, era la hora de Mary Jane, el tipejo se ha ido al pueblo y se la puede merodear; luego de amamantarla ella ha dejado a la niña en el corredor frente a la casa, dentro de su cuna; ahora está más rolliza y sus pómulos parecen arder; hay que andarse con cuidado, advertimos, ya pasó la hora del buey y se escuchan ladridos en las colinas. Llevaba recogido el cabello en trenzas detrás de la nuca, de un tirón haló el lazo verde y sacudió todo su pelo, escupimos hacia las raíces del árbol, bebimos de las garrafas y nos enjugamos la boca.

Mary Jane era muy flaca y no necesitaba ajustarse el traje, demasiado flaca para el gusto común de los vaqueros; a ellos les gustaban las mujeres más recias, como las del salón, la buena de Susan Lee o la mexicana; una tiene la grupa alta y redonda como las hembras de los alces y la otra es un derrame de alegrías y carnes en sus caderas; pero los ojos picaros, a veces calaveras de Mary Jane, esa manera de llevarse a la boca las cosas, las espigas y el pelo castaño a la luz de cualquier astro, su paso fino y cauto hacia el granero, eran desconocidos por aquellas despreocupadas parroquianas del bar. Esta tiene las mañas de las señoras, era el cometario preferido de quienes las vigilaban con sus torsos arrojados sobre sus herramientas de trabajo.

El caballo es muy fuerte y se ha negado aceptar las bridas; desde que le metieron un tiro entre ceja y ceja a Paco no se ha dejado montar por nadie; Mary Jane pasa frente al corral donde la bestia da brincos y larga coces, entonces el caballo alelado se acerca a ella, se deja acariciar las orejas y la mira con esa mirada lujuriosa y vacía de algunos muertos; ha sido su dama, cabalgó esa grupa atenazada a la cintura de Paco, comentamos, antes de quedar echa una pelota por el por el tipejo: cuando salíamos a los arreos nocturnos fuera de los lindes del rancho, el mexicanito se daba vueltas y la iba a buscar allí donde nace el ciprés, bajo su ventana y luego atravesaban al galope las vegas y las siembras de maíz hasta llegar el pozo al pie de la montaña donde ella con el pelo suelto daba libertad a su boca enloquecida por las estacas de luz de la luna, se quitaba el vestido y luego sobre las agujas de los pinos amaba al pobre hombre como lo hacen las hembras de los coyotes; ahogados por la espesura del lugar ambos se transformaban en figuras salvajes y aullantes.

Paco apareció una mañana tirado en la letrina con esa bala en la frente y a los meses, se vio a Mary Jane pasear su tristeza hasta el corral donde habían atado al caballo. La orden fue clara, matar al caballo también, pero ella se opuso y hasta amenazó con dejar de comer o quitarse la vida. Ha pasado el tiempo y la criatura duerme en la cuna, no creemos en los augurios pero somos entendidos de celos y de los ciclos. Es hora, deja de acariciar al caballo y corre hacia granero levantando el vuelo de sus faldas. Nos miramos; las herramientas caen de nuestros brazos, largamos las sucias camisas de la faena al sentir la caricia chillona de la luna saliente, bebimos de las garrafas para endulzar con aguardiente el sabor del tabaco en nuestras bocas y comenzamos a merodear frente a la puerta abierta del granero, no tardaría en correr el primer coyote a morder los pechos repletos de dulce savia y todos iniciaríamos el coro de voces, convertidos en niños famélicos de la noche.

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